Observando a la gente (I)

19 Diciembre 2006

Me encanta observar a la gente. Su forma de andar, de mirar, de vestir, todas estas cosas dicen mucho. Hoy he ido al centro, y podría hablar de la niña guapísima que no se enteraba en la cola de la oficina de hacienda de la calle Quevedo. Podría hablar de un chico negro que me ha sorpendido –gratísimamente– contestando a mi pregunta “cuánto tiempo llevas en Valencia” con un contundente “25 años, toda la vida, hombre!”. O_O Podría hablar del buen rollo que desprenden las camareras de la diminuta cafetería de Juan Llorens, y de cómo los clientes van (vamos) sobre todo por comenzar el día con una sonrisa. Pero me centraré en una de esas escenas de las que uno es espectador, de lado, sin meterse en ella, que hoy me han hecho que pensar un poco. Hoy asistí a un pequeño espectáculo divertido e interesante.

Trataba de aparcar en las inmediaciones de la FNAC de San Agustín. –Sí, ya sé… para qué vas al centro en coche…– El caso es que hoy la zona estaba llena de policías locales, más que otros días… –quizás porque haya que llenar las arcas municipales para las caras fiestas que se avecinan– y en un stop me veo a un policía esperando qué sé yo al lado de un laaargo Mercedes mal aparcado que anulaba todo un carril de la calle San Vicente. El agente, mirando la hora, y poniendo cara de tener un cabreo de los que piden sangre. “Parece algo indignado”, pensaba, cuando sale un cincuentón calvo muy bien vestido del bar junto al coche con un vaso de café en la mano diciéndole, corrijo, gritándole al local algo así como que se espere que ya mismo sale, que sólo le queda pagar. El policía le dice “ya está bien, hombre… usted mismo, ya verá cuando le viene bien salir…!” mientras hace ademán de ir a ver la matrícula para rellenar la pertinente multa. Pero nada, oiga! El chaval le espera! Menta a algún familiar del rico ciudadano pero no le firma el papelito rosa! Me mira, y ve que le observo con los ojos como platos, interesadísimo en la escena, y me dedica un irónico “ya saldrá el tío, cuando quiera” mientras de nuevo hace como que va a multarle…. pero nada! nada de nada! Acto seguido, sale del bar el propietario del coche alemán –ahora me doy cuenta que no tiene mucho gusto vistiendo, más bien parece “un mafias” casposo tipo “Miami vice”– y resulta que le dice algo con suma tranquilidad al agente, y éste le devuelve una mirada seria pero indulgente! Ahí acaba todo! –Flipo-

Supongo –espero– que no sea la actitud generalizada en “los locales” de Valencia… A lo mejor es que estoy hecho un fascista, pero yo ni le habría mirado a la cara, y más cuando sale el tío con el café en la mano! –Menuda urgencia!– Mi autógrafo habría ido rapidito al papel y éste al coche. Habrase visto qué cara!

Al rato, buscando sitio para aparcar, lo que encuentro es un Mercedes orcuro y laaargo de matrícula “conocida” quitándome un sitio preciosso. Del coche sale el calvo que me suelta una mueca orgullosa y despectiva… y acto seguido se le suman a su espalda dos tíos, jóvenes, inconfundiblemente sudamericanos, con unas pintas de sicarios que ni en Nicaragua, oye, y se marchan los tres, raudos, oliendo a todo… menos a trigo limpio.

Quizás haga algún comentario subjetivo más abajo. Por ahora sólo quería compartir esta curiosa vivencia.



One Response to “Observando a la gente (I)”

  1. Síndic Says:

    Yo también comparto la afición por la observación.

    La realidad cotidiana es sumamente interesante y te permite formarte ideas generales sobre el “sentir” de la sociedad.

    La Policia Local no es especialmente “objetiva” con el tema de las multas. En muchas ocasiones, te ven parado en tu coche con las luces puestas, en una situación en la que obviamente estás esperando a alguien y en lugar de acercarse, preguntar, o en su caso, decirte que ahí no puedes estar, te ponen la multa y te la envían a casa con un “lacónico”: “No se pudo notificar por estar el conductor ausente”, como si hubieras aparcado.

    Por otra parte, un compañero me comentó que una chica que trabajaba con nosotros en prensa, que es vecina suya, aparcó incorrectamente el coche en el centro (ambos viven allí), y le lloró un poco al guardia, que era hombre, y se la quitó. Claro, luego yo conocí a la susodicha y entendí el porqué ;)

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